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Orphas, de Tom Waits
Pocos artistas que lleven varias décadas en esto de la música pueden presumir de sacar discos con regularidad y que la mayoría de ellos sean buenos o muy buenos. Uno de ellos es sin duda Tom Waits.
Sus discos invariablemente figuran en las listas de lo mejor que se publica cada año y seguramente con su próximo lanzamiento ocurrirá lo mismo. El sello que ha publicado sus últimos trabajos, Anti (en España sus discos los edita Pias Spain) puso en el mercado a finales de noviembre de 2006 un triple CD titulado Orphans: Brawlers, Bawlers And Bastards – cada compacto lleva como título cada una de estas tres palabras que empiezan por b – e incluye versiones de gente como Leadbelly (un ejemplo es su Goodnight Irene, que ha sido recreado por innumerables artistas: de las que yo conozco, la versión "a la mejicana" de Ry Cooder es absolutamente genial), Daniel Johnston o …. ¡los Ramones!
BRAWLERS
En el primer disco de Orphans, Tom Waits sigue ahondando en esa suerte de blues añejo, anguloso, percusivo y sudoroso que
empapaba cada esquina de Real Gone (04) su anterior trabajo. Con la ayuda de su inseparable Kathleen Brennan, el guitarrista
Marc Ribot, percusiones imposibles, cajas de ritmo humanas y una voz siempre en llamas, Waits ofrece toda una lección de cómo
entender el rock en pleno siglo XXI.
Buceando en Brawlers puede encontrarse desde blues al estilo Mule Variations (99) ("Lie to me" o "2:19"), a rock and roll de corte clásico ("LowDown"). Desde baladas western como "Lucinda" o "Buzz Fledderjohn" a versiones de los Ramones ("The Return of Jackye and Judy") o del etnomusicólogo Alan Lomax ("Ain’t Goin’ Down to the Well"). De temas de taberna, botella y abrazo como "Rains on me" o "Bottom of the World" a canciones-río con letras que quitan el hipo como esa mordaz crítica a la administración Bush que es "Road to Peace".
BAWLERS
Después de la tormenta llega la calma. Bawlers es sencillamente una maravilla y por sí sólo podría ser el disco del año. En él
Waits deja aparcada su vertiente más histriónica y atronadora para abrazar un sosiego y un preciosismo herederos de la época
Asylum y de Alice (02), uno de sus discos más hermosos hasta la fecha.
En Bawlers cabe desde el vals ("Widow’s Grove") al tango ("Little Drop of Poison"). Del jazz crooner de "Little Man" y "I’ts Over" a la marching band de "Take Care of all my Children" que entronca con "Underground" de Swordfishtrombones (83). Pese a la variedad estilística, lo que más abunda en el segundo disco de Orphans es la balada. Porque cuando Tom Waits se sienta frente a un piano con una historia que contar es capaz de hacer llorar a un legionario; buena muestra de ello son "You Can Never Hold Back Spring", "World Keeps Turning" o "Never Let Go". Inmenso.
BASTARDS
El disco que cierra Orphans muestra la faceta más experimental e inquieta de Tom Waits. En él homenajea a buena parte de sus
referentes musicales y literarios: Kurt Weill y Bertold Brecht ("What Keeps Mankind Alive"), Charles Bukowski ("Nirvana"), Jack
Kerouac ("On the Road") o Daniel Johnston ("King Kong").
En Bastards, Waits da rienda suelta a su faceta como storyteller y arropa sus delirantes fábulas sobre corderos ("Poor Little Lamb") o coches americanos ("The Pontiac") con sonoridades que van de la polka al musical de Broadway. Si este año tienes pensado comprarte un único disco, que éste sea el de Tom Waits.
En los créditos del disco encontramos a algunos de sus habituales colaboradores, como el guitarrista Marc Ribot – sin su aportación, el anterior Lp de Waits, Real Gone, no sería ni la mitad de bueno – o Les Claypool, además de algún nombre mítico, como el veterano armonicista Charlie Musselwhite.
Además, la edición es de auténtico lujo, pues incluye un libreto de un centenar de páginas con todo tipo de información. Pueden encontrar más información en la web oficial de la discográfica Anti-Epitaph